MOMENTOS II y III. REFLEXIÓN SOBRE EL GUERNICA.

2008 # MOMENTOS II. REFLEXIÓN SOBRE EL GUERNICA © Alfredo Delgado 4646

MOMENTOS II. REFLEXIÓN SOBRE EL GUERNICA.
(2008)
Hierro forjado
107,5 x 159 x 52,5 cm
Colección del Artista

Momentos III. Reflexión sobre el Guernica (2008) Alto 87 x ancho 126 x fondo 35 cm Hierro forjado pátina óxido/cera Col. Artista

MOMENTOS III. REFLEXIÓN SOBRE EL GUERNICA.
(2008)
Hierro forjado
87 x 126 x 35 cm
Colección del Artista

 

 

Decía Pablo Picasso: “Pienso sobre todo en Julio González, tan consciente de la gran tradición española del hierro forjado y aún así tan receptivo a las innovaciones espacio”; así Picasso recordó estas palabras cuando acudió a uno de los artesanos del fuego y del hierro con más talento de Barcelona, Julio González. En 1928, en el taller que González tenía en París, Picasso fraguó sus esculturas más importantes, mientras que González exploraba nuevas posibilidades que su amigo había descubierto experimentado con total libertad. Para transformar una barra de hierro en modelos sinuosos que sugieran con sus meandros volúmenes transparentes, es necesario irse familiarizándose paulatinamente con el hierro y también con las herramientas. Todos los artesanos, todos los escultores establecen una relación íntima con sus herramientas de trabajo, que terminan convirtiéndose en una extensión de sus manos. El peso, la forma y el equilibrio del mazo, además de cómo pesa en la mano, son tan valiosos como los gestos que dibujan la forma. Pero Chirino contaba además con otras herramientas más virtuales. Como todos los buenos artistas, tenía que tener, o mejor dicho, tenía que crear un bagaje de conocimientos y Picasso y su obra El Guernica no pasaban desapercibidos para él. Estas dos esculturas , rescatadas de aquellos bocetos de su etapa informalista, a la que Chirino se adhiere cuando formaba parte de El Paso, dan muestra de la admiración que sentía hacia la representación plástica de un acontecimiento histórico que Picasso supo convertir en su obra emblemática. “Todo era nuevo, las esculturas salían de mi primera forja en Cuenca. En nuestro país ya se había instalado una especie de locura, o al menos así lo veía el mundo establecido, gente del Régimen observaban a los nuevos artistas con cierta preocupación, frente a otro sector social, que con deseos de ponerse  al día nos alentaba..

Muchas veces me pregunto cómo en aquella época tan oscura y cerrada fue posible que se hiciesen exposiciones de arte contemporáneo rabioso, cómo fue posible este hecho insólito donde la crítica apenas existía y donde Picasso era considerado un maldito. Pero ahí estaba mi generación, llena de juventud y deseos exponiendo en medio del desconcierto ¿se ablandaron las estructuras o es que nuestro entusiasmo nos hacía fuertes? siempre que me hago esta pregunta llego a la conclusión de que estábamos en una coyuntura muy especial y que el arte contemporáneo que vivía su esplendor en París y que ya había sido absorbido por América, tenía necesariamente que penetrar en España y poner en marcha la deseada revolución cultural característica de los últimos tiempos de siglo XX”.