Entrada

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Puerta principal de la fortaleza

La supervivencia de la fortaleza ante un ataque enemigo dependía no solo de la solidez de sus muros o del peso de la artillería, había que estar preparado también para defenderla desde dentro. Esta defensa comienza desde el mismo momento en que el invasor traspasa la primera puerta. Tras ella, un muro y a la derecha otra puerta, el espacio es angosto y el enemigo tiene poca maniobrabilidad para derribar la segunda puerta. Pero esto no es todo, si miramos hacia arriba descubriremos un hueco o jareta desde donde los defensores podían arrojar toda suerte de artefactos como piedras o granadas contra el enemigo. Traspasada esta segunda puerta nos encontraríamos con un muro de lado a lado, actualmente desaparecido, que nos obligaría a acceder por la tercera puerta, la que vemos a nuestra izquierda y que da al patio de armas.